* Isabel
Moya Richard
Tome unas gotas de Amarige de Givenchy.
Un poco de crema antiarrugas de Clinique.
Una porción de extracto revitalizante para
el cabello de L'Oreal.
Mézclelo cuidadosamente para que no haga
grumos.
Distribúyalo sobre un cuerpo femenino de l
Si no encuentra fácilmente este producto en
el mercado puede recurrir sin remordimientos a silicona y colágeno, extraer
algunas costillas o realizar lipoescultura.
Salpimiente con algo exótico a gusto.
Cueza a fuego lento en un caldo con algo de
consumismo, fin de las ideologías y la historia u otras hierbas...
Sirva enfundada en Dona Karan, Agata Ruiz
de
Aunque
éste pueda parecer solo un ejercicio irónico, no esta muy alejado del paradigma
que los centros hegemónicos de poder económico, político y mediático presentan
como modelo de lo femenino en tiempos de globalización neoliberal y
postmodernidad. Un paradigma que se intenta mundializar como parte de la
estrategia de un pensamiento único.
No me voy
a detener en el modelo, ni en las imágenes con el que se presenta porque muchos
son los estudios sobre el tema y la intención de mis reflexiones es provocar el
debate sobre la investigación comunicológica con enfoque de género en los
contextos mediáticos globalizados.
La
globalización de la información y la comunicación no sólo pone en juego el
proceso de reproducción de contenidos, ni la mera circulación de información,
sino como señala Jesús Martín Barbero, nuevos modos de producción del
pensamiento. ¿Está el enfoque de género presente en la formulación de estas
nuevas formas¿ No, nacen con el pecado original del sexismo y la visión
androcéntrica de la realidad y los procesos sociales.
La crisis
del estado nación en América Latina a partir de los noventa ha conducido no
solo a la profunda crisis del sistema político de representación y liderazgo,
sino al funcionamiento de una política cada vez más dependiente de la relación
mediática. Pero las mujeres apenas acceden al poder político y los medios las
invisibilizan en la llamada prensa de interés general o la presentan como
símbolo fetiche del consumo incluso en países donde el consumismo propagado por
los medios remite a un espejismo.
Se habla
con entusiasmo de los kilómetros de fibras óptica que recorren el mundo, de los
satélites que permiten chatear en tiempo real con desconocidos en el otro
extremo del planeta o estrenar la guerra en los Balcanes, Afganistán o Irak
como la taquillera guerra virtual de Steven Spielberg y George Lucas. Pero sólo
el 11 por ciento de la población de América Latina tiene acceso al teléfono un
invento del siglo XIX.
En este
contexto se presentan a las y los investigadores de la comunicación en el
continente varios retos, en primer lugar desmarcarnos del discurso teórico
globalizador general, muchas veces generado desde esos mismos centros de poder,
y situar de qué modo la globalización comunicacional tiene lugar en el
continente y sobre todo cómo se involucran las audiencias, los públicos, los
receptores, los perceptores o usuarios según los definen las diferentes
escuelas. Entre estos desafíos me interesa particularmente la incorporación del
enfoque de género como una categoría comunicológica y no simplemente como un
concepto tomado de la sociología para hacer investigaciones sobre los medios
políticamente correctas o a la moda.
Si
coincidimos en que los medios son reproductores del pensamiento dominante en
cada realidad específica, constructores del universo simbólico, y en que la
comunicación va más allá de la utilización de determinados recursos expresivos
o técnicos para resultar esencialmente un proceso de producción compartida de
significados a través de los cuales los individuos dotan de sentido sus
experiencias, coincidiremos también en la incidencia de los medios en la
conformación de lo femenino y lo masculino, y a su vez, en el condicionamiento
que estas visiones ejercen en la construcción, emisión, resignificación,
apropiación y rechazo de los mensajes.
Toda
relación social se estructura simbólicamente y todo orden simbólico se
estructura a su vez discursivamente. La construcción de los discursos
mediáticos está profundamente marcada por los estereotipos sexistas.
Se impone
entonces profundizar en la formulación de las rutinas productivas, en los
valores noticias que invisibilizan a las mujeres y presentan a los hombres como
portavoces de todos los saberes, en el proceso mismo de construcción de la
realidad mediática y en los procesos de recepción.
La
propuesta del género en la comunicación es cambiar la mirada, ver y asumir las
otredades por ello resulta tan trasgresor y provoca la burla del
desconocimiento o el rechazo del desconcierto en muchos círculos de
comunicadores y comunicadoras.
Pero no
es posible acercarse realmente a cómo se articula la construcción de las
identidades en la vivencia de un presente narrado por la preeminencia de la
globalización neoliberal sin el enfoque de género como categoría analítica.
Con esa
fuerza desmitificadora se impone analizar entre otros aspectos la visión
apocalíptica que muchas veces se presenta de la globalización mediática que
pretende homogenizar a las audiencias.
Es cierto
que las identidades de género se construyen posesionándose, identificándose y
diferenciándose en relación con las construcciones culturalmente asignadas de
ser hombre y mujer y que en ello desempeñan un papel socializador importante
las imágenes y representaciones que diseñan los medios articulados en una
dinámica global y dentro de un proceso de integración vertical y horizontal,
pero no son el único elemento y en dependencia de los contextos muchas veces ni
siquiera tienen un peso relevante.
Como bien
señalan Canales y Peinado "Entre las prácticas sociales y su discurso hay
siempre una interacción; y el segundo no es una mera emanación de los primeros,
sino que retorna sobre aquellos".
Las
audiencias no son una masa homogénea, como se presenta en el paradigma de la
globalización mediática neoliberal, las mujeres en particular son diversas y
plurales, marcadas por su ser como mujer, pero también por la clase, la raza,
la etnia, la opción sexual, el credo, la discapacidad y otros elementos que la
particularizan dentro del todo.
Se
produce entonces el desfase entre la realidad y la virtualidad del modelo
global. En el complejo proceso de mediaciones que caracteriza el proceso de
recepción se provocan brechas entre vivencias y modelos mediáticos, entre la
uniformidad universal propuesta y la diversidad de la realidad, entre el
consumismo proclamado y el espejismo de consumo que caracteriza estos tiempos
de crisis económica.
Quien
recibe un mensaje mediático determinado –afirma Elizabeth Lozano—no es alguien
aislado. Estamos hablando de un sujeto histórico y situado, condicionado por un
amplio contexto que sobrepasa siempre a un mero sistema comunicativo, que lo
incluye y lo trasciende. Pautas culturales, costumbres arraigadas, el medio
próximo en el cual transcurre su vida, su rutina y manera de vivir,
ingredientes que entre otros enriquecen y trastocan toda visión simplista. Es
un proceso individual y social.
Ignorar
el poder de la imagen y la representación sexista sería ingenua y sumamente
peligrosa, pero debemos tener en cuenta también la importancia de la mujer y el
hombre en la construcción de su propio universo simbólico.
Estudiar
los complejos procesos de frustraciones a nivel individual y de grupo que
produce no responder al paradigma (por ejemplo las enfermedades de la belleza),
reivindicar la necesidad de escuchar en los medios la voz de los excluidos,
presentar los nuevos roles que las mujeres han asumido, educar para la
comunicación son también aspectos a abordar por las investigaciones con enfoque
de género en la comunicación.
La brecha
entre la realidad y la ficción mediática, es el espacio para una comunicación
con enfoque de género que reivindique la pluralidad y heterogeneidad de lo
femenino. Un ámbito que escapa a las recetas, en el que se ofrecen ya
alternativas interesantes. Un mundo mejor es posible, una comunicación con
equidad y no excluyente también lo es, será esa la única forma en que los
satélites, los chips, la fibra óptica, las pantallas líquidas nos ayuden
realmente a que el mundo resulte menos ancho y ajeno.
* Isabel Moya Richard es directora de

-----------------En la realidad, la equidad de género es ya una realidad, hay mujeres que toman y tienen el papel que antes le correspondía al hombre, esto se da en las grandes ciudades-más no, en el campo o lugares en que la tecnología o un mal gobierno tiene abandonado a las mujeres, es hermoso ver a mujeres dando órdenes a sus pares masculinos, así cómo podemos ver una abogada, vemos un abogado-una magistrada o un magistrado, y en la globalización todos tenemos un poco de todo, aunque hay gente que no tenga el alcance de comprar, países en que se vive en la pobreza extrema, no podemos hablar de globalización o de equidad de género, es ahí donde empieza la pregunta, ¿y la mujer qué? simplemente porque en los países del llamado tercer mundo, hace falta mucho que hacer por el género de la mujer-interesante artículo. saludos Manuel
Continuar el trabajo de achicar las distancias entre hombres y mujeres, de una manera constante y que sea visible a todos. No es suficiente tener en Latinoamérica presidentes y ministros mujeres, si en la sociedad no somos tratadas de la misma manera, ni en las ciudades y menos aún en sitios rurales.
Sin dudas que se han hechos muchas cosas en el siglo XX y es quizás este siglo en donde se pueda hacer mucho más. Las generaciones jóvenes deben ser educadas de una manera igualitaria en el colegio y en las casas, tanto en paridad de sexos, como en razas o religiones.
Las mujeres históricamente hemos ocupado un lugar secundario, nuestro rol por cientos de años ha sido la casa y la familia. Sin poder de decisión, viviendo siempre detrás del hombre. Hoy afortunadamente las cosas han cambiado en muchos ámbitos, pero aún así falta mucho.Aún existen redes de tratas de blancas en nuestros países, esclavitud de inmigrantes, prostitución infantil, violencia doméstica, etc...
La moda y el consumo...van muy ligado a la mujer. Tanto para consumir, como para ser consumidas. Tenemos que ser consecuente con nosotras mismas, respetarnos, apoyarnos y querernos mucho.
saludos