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Por Daniela Estrada
La despenalización del
aborto terapéutico vuelve al primer plano en Chile como instrumento de la
batalla electoral para la presidencia, mientras miles de mujeres de este país
se ven forzadas a interrumpir sus embarazos en forma ilegal.
Detrás de cada decisión de
abortar hay múltiples razones explicaron a IPS varias de las mujeres que
interrumpieron su embarazo, como Paz, quien acababa de separarse de su esposo
cuando supo que estaba embarazada.
"Él era lo peor, no
quería tener un hijo suyo", contó esta mujer de 32 años, víctima de violencia
machista y quien pidió el uso de un nombre ficticio. Eso la motivó a pagar el
equivalente a unos 958 dólares por "una aspiración" a las siete
semanas de embarazo.
"Nunca he tenido
culpas. Sí creo que es una decisión difícil siempre, aunque estés muy segura",
señaló al contar su experiencia de hace tres años. Ahora vive feliz un embarazo
de ocho meses con su nueva pareja y recalca que "mi opción siempre fue la
maternidad".
"Conozco decenas de
otros casos donde sí ha sido traumático debido a que la condición económica,
por ejemplo, te lleva a probar con métodos menos seguros. Yo contaba con apoyo,
dinero, con todo lo necesario para hacerlo. Otras no tienen esa suerte",
apuntó Paz. Nadie de su familia sabe de su aborto. "Mi pareja actual tampoco
y creo que no tiene por qué saberlo. Mi ex marido nunca lo supo, para mí su
opinión no tenía ninguna relevancia", dijo.
Chile permitió el aborto
por motivos terapéuticos entre 1931 y 1989, cuando el gobierno del ahora
fallecido dictador Augusto Pinochet (1973-1990) lo prohibió totalmente. La
interrupción voluntaria del embarazo se mantiene 19 años después de la
restauración de la democracia como un delito penado con entre tres y cinco años
de cárcel para la mujer que se lo realice y de algo menos para quienes lo practiquen.
Junto con Chile, sólo
algunos países como Andorra, El Salvador, Filipinas, Malta y Nicaragua
penalizan el aborto sin excepciones de ninguna clase.
La reposición del aborto
terapéutico fue una demanda constante de organizaciones de mujeres desde el
retorno de la democracia, pero excluida hasta ahora de las agendas de los
gobiernos de la centro-izquierdista Concertación de Partidos por
La principal causa de lo
que las feministas locales califican como el impago de una deuda de la
democracia con las chilenas, es la férrea oposición del Partido Demócrata
Cristiano (DC). Ni siquiera la actual presidenta socialista Michelle Bachelet
logró flexibilizar la postura de su socio en el gobierno.
Por eso los colectivos de
mujeres ven con desconfianza el planteamiento este mes del ex mandatario y
precandidato presidencial de
Influenciada por la
jerarquía de
Estos cálculos se basan en
la cantidad de egresos hospitalarios por aborto antes de las 20 semanas de
gestación, registrados en el sistema de salud. En 2006 fueron 23.052 casos.
El especialista Enrique
Donoso detalló que "en países donde el aborto es ilegal, se estima que por
cada egreso por aborto hay cinco que no se hospitalizan", en un artículo
publicado en 2008 en la revista de
Pese a que cerca de un
tercio de los embarazos terminarían en aborto en Chile, la muerte por esta
causa es baja, destacó el ginecólogo. Según datos del Instituto Nacional de
Estadísticas, la tasa de mortalidad materna por abortos en 2000 fue de dos por
cada 10.000 nacidos vivos. En 2005 descendió a 1,4.
"Es difícil
estructurar el perfil de las mujeres que abortan, porque son de todos los
estratos sociales, de todos los niveles educativos, con edades que fluctúan
entre los 12 y 50 años", señaló a IPS Gloria Maira, de la no gubernamental
Red Chilena contra
"Lo que primaba hacia
la década de los 60 eran mujeres multíparas (con varios hijos nacidos vivos),
de precaria condición socioeconómica, generalmente casadas. En los 80, Mónica
Weisner encuentra mujeres que no necesariamente viven en pareja, donde el
aborto se da también en casos de mujeres que no han sido madres", explicó.
La única diferencia,
sostiene Maira, es que las mujeres ricas generalmente tienen mayor acceso a
educación sexual y a métodos anticonceptivos, pueden optar por abortos
clandestinos en el sistema privado, como reconocen los propios médicos, o
viajar al extranjero a practicárselos.
MÚLTIPLES RAZONES EN CADA DECISIÓN
Nelly Lizama, de 63 años y
católica, nunca se cuestionó por la interrupción de su segundo embarazo. Tenía
16 años y un hijo de pocos meses cuando acudió a un ginecólogo de la familia.
Nunca supo qué procedimiento le hicieron, pero al finalizar se sintió aliviada.
En esa época a los abortos
se les denominada "remedios", dijo Lizama. "Eran muy habituales,
por el escaso conocimiento que las mujeres teníamos de los métodos
anticonceptivos", contó a IPS esta madre de cuatro varones.
Distinta es la realidad
que le ha tocado observar a Cristina de
A esta institución acuden
mujeres arrepentidas, que nunca pudieron superar el impacto de sus abortos
provocados, contó a IPS De
Pese a lo anterior, ella
cree que el aborto "no debiera ser un delito para la mujer", porque
"más que una autora, una encubridora o una cómplice" ella es una
"víctima de la circunstancia" y necesita apoyo. Para nadie es fácil
la decisión de abortar, insistió.
ABUSOS DE
"Tenía 14 años, iba
en primer año de educación media y tenía un novio que era mi primera pareja
sexual", describió a IPS la chilena Tamara Vidaurrázaga el contexto de su
primer embarazo hace casi dos décadas.
Cuando sus padres se
enteraron de la noticia, concluyeron que había que abortar. En ese momento
"yo no podía pensar bien, tenía mucho susto", recordó. Pero aclaró
que nunca se sintió presionada por ellos. Al contrario, agradece mucho el
respaldo que le dieron.
"Dudas no tuve. En mi
familia no somos religiosos y nunca he tenido la culpa católica ni la creencia
de que debo sacrificar mi vida porque un dios así lo quiere", explicó.
El procedimiento,
realizado por un "ginecólogo conocido" a las ocho semanas de
embarazo, les costó 500.000 pesos "de esos años" (unos 871 dólares),
recordó.
"La clandestinidad es
lo que hace tan desagradables las interrupciones, no la decisión", piensa
Vidaurrázaga, quien hoy es madre de una niña "deseada y esperada, a la que
adoro y que hoy es el centro de mi vida".
El tímido debate electoral
que se desarrolla en Chile sobre el aborto terapéutico es protagonizado por
políticos, médicos y religiosos, la mayoría hombres, y se circunscribe
únicamente a los casos de mujeres con riesgo vital, por ejemplo, las que cursan
un embarazo ectópico (cuando el bebé se desarrolla fuera del útero).
Diversas encuestas indican
que la mayoría de los chilenos y chilenas aprueban el aborto terapéutico en ese
y en otros dos casos: cuando es fruto de una violación y cuando el feto
presenta malformaciones severas. Lejanas, como si no existieran, quedan las
otras múltiples razones que esgrimen diariamente las mujeres para elegir un
aborto.
"El debate ha sido
mediocre, miope y mezquino", planteó Maira.
¿A QUIEN LE SIRVE EL DOLOR?
La matrona (partera)
Pamela Eguiguren, magíster en salud pública e investigadora de
"Nos encontramos con
experiencias tremendamente dolorosas, con un sistema (de salud) que reacciona
de forma muy torpe, porque no hay protocolos para estos casos. La atención
depende de la sensibilidad del médico", explicó Eguiguren a IPS.
El calvario para esas
embarazadas comienza al momento del diagnóstico. En vez de comprar ropa o
mobiliario para sus hijos, deben adquirir un lugar en el cementerio porque
están obligadas a dar a luz, relató. Muchas sufren depresiones y otros
trastornos psíquicos. Algunas deciden no embarazarse más.
Al final del camino, ellas
tienden a "resignificar" el proceso y rescatar aspectos positivos
para que valga la pena tanto sufrimiento, dijo Eguiguren. Por ejemplo, valoran
poder abrazar a sus bebés antes de que mueran a las pocas horas de nacidos.
"Hay muchas mujeres
que tienen en su historia un aborto y no por eso les queda una marca",
planteó Eguiguren. "Pero vivir un embarazo incompatible con la vida, es
algo que se recuerda por siempre", resaltó.
Es legítimo que algunas
mujeres escojan no abortar en esos casos, dijo. "Pero me parece una
tortura hacer pasar por esto a alguien que no quiere. Tú te preguntas a quién
le sirve que ellas sufran de esa manera. ¿Quién está ahí para darles apoyo? ¿Quién
está ahí para ayudarlas económicamente?", se preguntó.
Maira está convencida de
que si el país no trabaja "por ser una sociedad más informada", libre
y con más educación sexual y contracepción, los abortos no se reducirán.
"Tenemos que abrir el
debate ciudadano y que las mujeres no tengamos ni la culpa ni el estigma de
hablar", dijo. "Actualmente no se legitima la voz de las mujeres.
Digamos lo que digamos, no existimos", concluyó.

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